RESEÑA III MESA REDONDA DIVERSIDAD EDUCATIVA
El jueves pasado, un numeroso grupo formado por padres, alumnos, amigos y familiares de los ponentes, profesores, directores de las distintas etapas, y nuestro director el Padre España, tuvimos la suerte de compartir en el colegio la “III Mesa Redonda: Experiencias de diversidad, retos y aprendizajes” . Como nos dijo en la presentación de la mesa Diego de Kisai SJ: “Jesús llama a todo el mundo, nos llama a todos en nuestra diversidad, y cada uno le seguimos desde nuestra diversidad”.
En este tercer encuentro, dos antiguos alumnos del colegio, Mencía y Santi, junto a sus madres, compartieron con enorme generosidad sus particulares experiencias de vida y de paso por el colegio en bachillerato. Dos grandes ejemplos de superación.
Santi tuvo, poco antes de incorporarse al colegio, un accidente en patinete que le ocasionó, tras casi 20 días en coma, un daño cerebral que conllevó una importante afectación motora y cognitiva. Con mucha tenacidad, apoyo de su familia, de profesores, de sus delegados, de buenos amigos de su infancia y de CEADAC (Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral), se fue recuperando y a dia de hoy estudia 5° de ADE con Psicología, teniendo muy presente que en la vida “alea iacta est” pero que por el camino “carpe diem”. Su madre, que se encontró ante una situación tremendamente dura de afrontar “sin un plan B”, sacó fuerzas para cuidar a su hijo y vio como se daba una recuperación que nadie esperaba, un milagro. Paz nos pedía a todos que en nuestras vidas miremos a los demás, que no solo les veamos sino que les miremos. Hay necesidades que se perciben claramente, pero otras veces hay que mirar con mucha más profundidad para identificarlas y acompañarlas, sin dejar solo a nadie.
Por otro lado tuvimos la suerte de escuchar a Mencía, que nació con una enfermedad que le impide andar y ha crecido sobre una silla de ruedas incorporada a su vida con gran naturalidad. Mencía transmite fuerza y seguridad a raudales, ha crecido bajo la mirada de unos padres que han confiado en ella y que desde ahí han tenido grandes planes para ella y le han exigido sin caer en la sobreprotección. Ella nos animaba a ver encima de su silla a una chica con las mismas inquietudes que cualquier otra chica y a tratarla con “normalidad”. Nos animaba también a mirar más allá de aquellas dificultades más visibles y a ser empáticos con las diferencias de todos.
Para todos ellos, la fe ha sido un gran pilar: indispensable para sus madres, que han vivido el día a día sin perder la esperanza de ver a sus hijos crecer y madurar en busca de su camino; en crecimiento y transformación para nuestros protagonistas.
Y en el ratito de preguntas fue muy bonito comprobar cómo sus ejemplos de vida han dado fruto también en la fe de quienes les rodean.
Creo que todos los presentes salimos muy removidos y agradecidos por los testimonios escuchados, y también con pequeñas grandes lecciones que podemos aplicar en nuestro día a día para contribuir a construir una sociedad más sensible y empática con la diversidad.